domingo, 14 de julio de 2013

El Pozo De Los Deseos / Wishing Well

...Pues eso...

“All Iron” era lo que escribían los ingleses con tiza sobre el mineral. Ese día los mineros de Gallarta cobrarían una paga extra. “Todo Hierro”, era lo que gritaban los trabajadores  con euforia deformando el inglés hasta convertirlo en “¡Alirón!”. Eso es lo que cuenta la leyenda o la historia de Bizkaia del siglo XIX. Aquél “Iron” dejó grandes riquezas en la provincia vasca a la vez que cráteres, pozos y ruinas industriales que se pueden ver por la comarca de Abanto y Zierbena.

Deconstruyendo un símbolo
Ese grito de júbilo se incorporó a los antiguos himnos que ha tenido el Athletic Club desde hace más de un siglo. Y parece que ha pertenecido al universo del fútbol bilbaíno desde siempre y no a los pozos de la zona minera de los montes de Triano. Ahora que San Mamés se desintegra bajo las máquinas de demolición, contemplo con una cierta tristeza los alrededores del estadio llenos de jubilados viendo cómo desaparece un teatro de juego en el que han vivido emociones muy intensas gritando aquella palabra de los mineros.


Aunque no te guste el fútbol, el Athletic mola. Sus directivos NO.
“Alirón” también es el nombre de un bar entrañable para nosotros durante estos últimos meses. Está al lado del campo de fútbol y cerca del hospital de Basurto. Allí hemos pasado muchos minutos de nervios, de incertidumbres, de desganas y de buenos momentos los jueves por la mañana. A esa hora no hay partido, pero hay resultados de analíticas.

Siempre ha habido buenas noticias al salir de aquí.

No me gusta tomar té en los bares, está ardiendo, no sabe a nada y las teteras cromadas son un fracaso de diseño industrial. Prefiero una cerveza, sin alcohol, claro. Me he acostumbrado a su sabor y distingo las diferentes calidades. Hay muchas muy malas aunque, el tiempo me ha modelado el paladar para saber cuáles son las más finas. Y en el “Alirón” hay buena cerveza, buenos “pintxos” de tortilla, “wi-fi” y gente maja tras la barra. Qué mejor entorno para rebajar la ansiedad. Esta semana hemos estado varias veces.

¡¡¡Salud!!!
Esta semana se ha cumplido un año desde que empecé a tomar quimioterapia. Ese 9 de julio inolvidable. Otro día en negro que he convertido en rojo festivo en mi calendario. El recuerdo del de 2012 que durará toda la vida lo celebré con una analítica nueva y unas cervezas. Resultados el día 11, coincidiendo con el aniversario del tercer día del primer ciclo de quimio. Aquel día en que llegué al hospital con la tensión por el suelo y me tuvieron que transfundir. Este año iba a ver a mi hematólogo, y cuando llegué al pabellón donde ha girado nuestra vida estos últimos 365 días noté una alfombra roja bajo mis pies. Una tranquilidad de satori me invadía, como si me encontrara sentado en la cima del mundo y fuera su dueño.

El escenario es la cima del mundo.
Jose ha llevado todo mi proceso. Es mi hematólogo. Le conozco desde hace muchos años porque trató a mi padre hace mucho tiempo. Confío en él y en todo el equipo. He establecido con todas las personas que han tenido que ver con mi tratamiento unos lazos especiales. Tal vez por eso me siento tan bien cuando están cerca. Porque de una manera o de otra me han salvado la vida. Y eso lo valoro tanto que ellos ni se imaginan el aprecio que les tengo. Yo, que siempre he sido un rebelde, nunca pensé que iba a dejar mi vida en manos de alguien sin rechistar y que hicieran su trabajo sin oponerles resistencia. Ellos saben qué hacer con mi salud, yo sé hacer música. Jose me habló de cosas que no me hubiera creído hace dos años: que he sido un enfermo modélico. Por todo, por mi actitud ante la enfermedad, por cómo me había dejado tratar y por cómo les había tratado a ellos. Me contaba esto mientras buscaba la información sobre mis resultados en la pantalla del ordenador.

Esto era lo que se veía en el ordenador del Hospital

Los números fueron apareciendo. Tenía mis dudas sobre la sangre. Ese cansancio que tengo debe ser que habré pasado de 10 por los pelos. Ya sabes, para una persona normal el mínimo es 12. Pues el ordenador reflejó un 11,6 en sangre y el resto de las constantes en límites tolerables, o podíamos llamarlos normales. Impresionante documento. Ahora sí que me empezaba a dar cuenta de aquella “Remisión Total” de hace unos meses. Y lo importante es que ya no tengo que tomar aquella colección de pastillas, antibióticos y píldoras para protegerme de otras píldoras. EPO cada dos semanas, para que mi sangre vaya pillando más octanos que una canción de Pendulum. La siguiente revisión en septiembre. Esperemos que la leucemia sea en esos momentos un montón de líneas en este blog y unas fechas señaladas en el calendario.  Salí dando botes, ahora me lo creo. La sanación está a punto de completarse. Vamos al “Aliron” a fijar las sensaciones y a relamer las buenas noticias.

Con tanta EPO me siento como un Ferrari.
El número 11 tiene algo de cabalístico, mágico o llámalo “X”. Así que nos llevamos la magia del 11 de julio como si fuera lo que tú sueles llamar “cumplevida”. Siempre felicito con música esa acumulación de juventud que son los cumpleaños. Suelo usar un tema que considero una de las canciones de mi vida. Hablando de pozos mineros y de encontrar abundancia, se titula “El Pozo De Los Deseos”. Es la canción que abre “Heartbreaker”, el último álbum de la banda Free. La canción es de hace 40 años, pero parece grabada el año pasado. Aunque me cueste reconocerlo, qué bien envejecen todas aquellas canciones de rock de los setenta.

El primer disco que compré de Free, después de tener su discos
en cassettes.
Free es uno de los pilares de mi educación musical. Cuando soñaba con tocar en una banda de rock tenía quince años, un año menos que alguno de los componentes de este grupo cuando empezaron a grabar. Tendría que esperar un poco, porque Bilbao no era Londres. Aunque tuviera autobuses de dos pisos de color rojo, un río que la partía en dos y un club de fútbol fundado por los ingleses. Así que seguiría soñando viendo las portadas de los singles de la banda como “A little bit of love” con el grupo en directo con las espaldas bien guardadas por torres de Marshall a pleno rendimiento. Algo indescriptible cuando te masajean la espalda desde la primera nota.

Cuando eres un chaval sueñas con vivir en la portada de un disco

La canción más conocida es “All Right Now”. Seguro que la has escuchado alguna vez. Incluso, uno de sus temas sirvió para dar nombre a uno de esas bandas de rock llena de virtuosos llamada “Mr. Big”. En “Wishing Well” ya no está uno de los músicos que influyó en mis primeros años tocando el bajo. Andy Fraser fue sustituido por Tetsu. Sería la última vez que grabarían juntos el guitarrista Paul Kossoff, el batería Simon Kirke y el cantante Paul Rodgers. Para este disco se unió John Bundrick “Rabbit”, fenomenal teclista que hasta hace poco estuvo con The Who. Paul Kossoff, uno de los guitarristas más finos que he escuchado, fundó Black Street Crawler y falleció tres años más tarde. El corazón no soportó tanto abuso de drogas. Simon Kirke y Paul Rodgers fundaron Bad Company junto al ex-King Crimson Boz Burrell y al ex-Mott The Hoople Mick Ralphs, con un primer disco que llegó al número uno en listas. Kirke y Rodgers siguen en activo con sus respectivas carreras. Rodgers incluso se unió a los supervivientes de Queen para montar un Frankenstein del rock con repertorio de Free, Bad Company y Queen. Proyecto que no he seguido porque Queen me dejó de interesar tras su tercer disco.

Un año después vamos a cerrar el círculo poniendo mis pelos
 en manos de Walter para que los haga desaparecer.
Long live Salón Central
“El único momento en el que estás satisfecho es cuando metes tu pie en el pozo de los deseos” . En todo este tiempo he deseado, como mínimo, estar como estoy ahora. Pero me dejé llevar por la corriente a donde me llevara. Y, aún así, la riada de medicamentos me ha traído hasta una orilla. Ahora me recuperaré en la arena y seguiré el camino hacia nuevos territorios que la nueva tierra, en la que he despertado, me ofrece. Sin mapas, disfrutando y creando con todo el tiempo del mundo por delante.

Que el pozo de tus deseos sea profundo y lleno de abundancia

Free. Whishing Well. 1973

Bad Company + Slash + Neal Schon. Whishing Well. 2002

viernes, 21 de junio de 2013

Vine A Bailar / I Came To Dance




La alfombra de la memoria tiene ya muchas calvas.
La memoria se me va pixelando. Cada vez que quiero buscar algo la encuentro llena de huecos. De desiertos de recuerdos. Lugares llenos de vacío en los que no puedo echar nuevos recuerdos. Las experiencias que se han gastado ya no volverán a la pantalla de revivir que todos tenemos. Alguien me dice que tal día de hace veinte años yo hice algo en concreto, y no me acuerdo. Hasta hace bien poco, mi memoria era mejor que el archivo de la BBC.

Los recuerdos vienen y van con la marea
Hay pocos días en los que haya podido fijar mis vivencias tanto como el 24 de junio de 2012, en el que descubrí otros pacientes de otras dolencias que escribían blogs. El 9 de julio en el que comencé el tratamiento de quimioterapia, y el 21 de junio, tal día como hoy, del año pasado en el que estuve todo el día tirado en el sofá, lleno de malestar y fiebre, con el teléfono en la mano.

Sólo ha pasado un año de vertiginosa montaña rusa. Inolvidable por el sentimiento de ver cómo se despiertan emociones dormidas y el sentimiento de solidaridad. He pasado de la tristeza y poca esperanza con mi futuro, a tener los cimientos de una nueva vida plena. Los días van siendo más amables conmigo y me dejan estar de pie, pensando en nuevas oportunidades. Alguien me está dando la alternativa de seguir acumulando más juventud. Quería compartir esto contigo, porque hoy es un día grande y tal vez intercambiemos unas palabras de deseos y de gozos.

Posando para no olvidar
Era feliz escuchando música de ciertos creadores, aunque no fueran muy conocidos. Uno de esos huecos llenos de música en mi memoria lo ocupa Nils Lofgren. A lo mejor es la primera vez que lees su nombre y vas a escuchar una canción suya. Yo le conozco desde que Neil Young publicó su tercer disco, “After the gold Rush” y le aprecié desde que un amigo me dejó un doble vinilo suyo en directo que nunca devolví. Pero si te digo que, es uno de los guitarristas de la “E street Band” de Springsteen, tal vez caigas en la cuenta de quién es. Incluso llegó a tocar el "Desde Santurce a Bilbao" al acordeón en el estadio de San Mamés que ahora están derruyendo.

Hace ya muchos años estuve viéndole en Vitoria-Gasteiz, en una sala llamada "Elefante Blanco". Un tío que había tocado en estadios llenos estaba a un metro de mi tocando la guitarra acústica para no más de cincuenta personas. En ese concierto sonó este “Vine a bailar” y refleja el espíritu animado que tengo hoy. De pasar la vida entre alegría y creación. También me he acordado de Nils Lofgren porque hoy tenemos una cosa en común: Es nuestro cumpleaños.


Nils Lofgren - "I Came To Dance"

lunes, 13 de mayo de 2013

Las Calles De Londres / The Streets Of London

Nubes rojas a la cena, buen tiempo espera

Al lado hay dos mujeres. Una de ellas lleva pañuelo en la cabeza. Hablan de la preocupación de estar preocupada. ”Preocúpate de estar bien y de no preocuparte” le dice la que está sin pañuelo. Creo que su mal está muy avanzado y hablan de quimioterapia radical. Es duro escuchar esto cuando estás llegando a la meta y las analíticas van dentro de lo previsto. Con voz entrecortada, se dicen que vamos a ser ese veinte por ciento que sale de ésta. Su nombre suena en la megafonía de la sala, se llama Yolanda.

Luchemos, vamos a convertir ese 20% en 100%
Siempre se me ha dio mal el dibujo en la escuela. Por eso pinto con palabras en una libreta. Este retrato que he colgado en la entrada es real. Lo pinté cuando esperaba mi turno para la limpieza semanal del PICC. Esa sala llena de gente aguardando una palabra de esperanza entre tensión y emoción contrastaba con mis nervios de acero. Me consideraba extraño, venía a un trámite. Como el que va a una rutina, irme a limpiar el brazo al hospital era mi trabajo semanal. Y eso era todo lo que tenía que hacer para estar bien.

El brazo incorrupto. Las heridas de guerra: el punto
donde estaba el PICC y las marcas de las cicatrices
de las ampollas.
Ya no tengo que ir. El brazo se liberó hace unas semanas. Y ahora mi trabajo es tonificarlo y recuperar la movilidad después de estar nueve meses con un tubo desde el biceps hasta el corazón. Pero aunque ya no tenga que ir tan frecuentemente al hospital, recuerdo esos retratos de palabras. ¿Qué habrá sido de aquellas personas? De Yolanda y de su acompañante. De la anciana que decía a su hija “menuda mala suerte, empezar el tratamiento en el año 13”. Desde que MONO se subió a mis hombros vivo más despacio, soy más humilde. Cuando vi aquellas tres letras en aquel informe de Osakidetza: LLC, se me quitó la estupidez. Me di cuenta de la cantidad de gente que sólo se conforma con vivir en dignidad. Que cuando yo sentía que estaba mal, todavía había alguien que estaba peor. Y éste no es el consuelo de tontos, sino que me daba más ganas de ponerme bien para reclamar ayuda para el que está mal.

Es hora de reencuentros con los amigos con los que la
leucemia puso la barrera. Con Joni delante de su tienda
de discos en el Record Store Day 2013.
Ahora que he dedicado un tiempo a reflexionar sobre estos últimos dos años, releo en mis recuerdos la letra de una canción. Cuando la escuché las primeras veces, sólo entendía su título. Tendría unos catorce años cuando oí por primera vez “Las calles de Londres” en casa de un amigo. El disco no estaba editado aquí, pero alguien lo había traído de Inglaterra. El autor es Ralph McTell, un cantautor inglés con muy fuertes influencias del blues rural americano. Apareció en su segundo disco “Spiral staircase” en 1969 y la grabó en una sola toma, guitarra y voz. Ralph todavía sigue activo, porque los músicos no nos jubilamos nunca. 


Buscándose la vida en las calles de Londres

Años más tarde, el sello Guimbarda especializado en folk lo rescató y lo editó en España en formato doble. Entonces entendí la letra. La canción habla de la soledad también mediante retratos de gente. Y el mensaje es que cuando piensas que tu estás mal, hay gente que todavía está peor. Deja esa puerta abierta a la esperanza, porque no hurga en la desgracia de los personajes que viven ignorados por la sociedad. Ellos viven su vida así y no piensan más que en seguir viviendo. Se iba a titular “Las calles de París” debido a las experiencias de Ralph en la capital francesa durante en un viaje en auto-stop por Europa.


Nuestra vida no es miserable, es la lección que
necesitamos aprender.

"Has visto al viejo en el mercado cerrado
recogiendo periódicos con sus zapatos desgastados
En sus ojos no se ve orgullo
colgando en un costado están los periódicos de ayer
contando noticias de ayer.

Has visto a la anciana que camina por las calles de Londres
Con el pelo sucio y la ropa raída
No tiene tiempo para hablar, sólo camina.
Lleva su casa en dos bolsas

Cómo puedes decirme que estás solo y que el sol no brilla
Te llevaré de la mano por las calles de Londres
Te enseñaré algo que te hará cambiar de opinión..."


Cinco palabras valen más que cinco mil imágenes.

Recuerdo haber escuchado en una entrevista al cineasta José Luis Cuerda indicar que la palabra vale más que mil imágenes, porque al leer las palabras nos enseñan a leer imágenes y sonido. También dijo que Lalo Azcona, el periodista, le comentó una vez que los directores de cine debían de dejar de ir en taxi e ir en autobús para escuchar a la gente. Es curioso porque ahora pongo la oreja en las personas, cuando antes la ponía únicamente en mí. Escucho el sentimiento y la emoción, idiomas que no te enseñan en la escuela. Y cuando crees que todo el mundo tiene lo mismo que tú: una persona que te quiere y te cuida, que te acompaña en esa sala de espera donde los minutos se hacen eternos, que está allí para animarte cuando estás bajo y montar una fiesta cuando estás contento, entonces te das cuenta de que hay gente que está sola. Gente que sólo tiene compañía gracias a la ley de dependencia, o que está acompañada de su hijo en las sesiones de quimioterapia porque no tiene a nadie con quien dejar al chico. Niños que tienen que crecer de golpe. Personas que sólo tienen la compañía virtual de gente al otro extremo de internet.

Al otro extremo de la red siempre hay alguien que te está escuchando

Este post, que cierra esta trilogía del recuerdo que presenta algunas de la experiencias que he vivido durante los últimos dos años, quería dedicárselo a quien lucha o ha luchado en soledad. En especial a Analía y a Pedro. En dos líneas, Analía me dijo lo que me iba a pasar después de la quimioterapia. Algo que el médico nunca me dijo. Lo que demuestra que entre pacientes nos podemos ayudar, compartir realidades y generar solidaridad.

Aunque todo salga mal ahora, sabes
que subirá la marea para poder navegar
Una libreta me ha acompañado durante las esperas en el hospital. Anotaba ideas, porciones de texto para descargar la frustración ante las situaciones injustas que nos llegan de despachos a los que nunca tenemos acceso, retratos en letras de la solidaridad de la gente, el amor y el sufrimiento. Páginas amarillentas llenas de sensaciones y experiencias, pero en ningún momento dibujé la cara de la soledad.

Ralph McTell. The Streets of London. 1969

Ralph McTell. The Streets of London. En directo en 1986


Epílogo: Pánico en el hospital Parte 2



Parece que los que llevan traje y corbata no están
haciendo bien su trabajo.

Estos días nos han vuelto a apuñalar por la espalda. Cuando creíamos que todo estaba un poco tranquilo, nos han vuelto a quitar un montón de millones de euros para sanidad y para los dependientes. Hace unos días pasé por la recepción del Hospital de Basurto durante la concentración del personal sanitario para protestar por los recortes del consejero de sanidad del Gobierno Vasco. Un tal Darpón.


Oye Darpón: Los enfermos no somos clientes. A lo mejor
tú si que te sientes cliente porque la sanidad te importa
sólo como número. La tarjeta sanitaria lleva un número de
afiliado y no un código de cliente.



Al final, todos los que llegan a gestionar los derechos sociales y sanitarios hacen lo mismo y lo más fácil: deconstruir lo que estaba bien. Están a la órdenes de la economía y sus inútiles gestores. Que, en vez de recopilar el dinero que hay desperdigado en cuentas paradisíacas y regular esas atroces prácticas de piratería financiera para ricos, empobrecen a quienes les damos de comer. Apoyo la pelea por conservar la sanidad pública, e incluso mejorarla. Junto con la cultura y la investigación, es el futuro; y no el llenar los garajes del ministerio de defensa con 18 todo-terrenos SERT de 800.000€ la unidad para que queden obsoletos entre telarañas. El camino no es desalojar a la gente que protesta, sino unirse a ellos.



Firmas contra tijeras. ¿Quién es más fuerte?






miércoles, 24 de abril de 2013

El Lenguaje Es Un Virus / Language Is A Virus




Despertar en primavera. Seguimos avanzando
Desaceleración del crecimiento, movilidad exterior, préstamo en condiciones extremadamente favorables, procedimiento de ejecución hipotecaria, incentivar la tributación de rentas no declaradas, reformas estructurales necesarias, copago, gravamen adicional, externalización, crecimiento negativo, flexibilizar el mercado laboral, titularidad indirecta, coyuntura negativa, recargo temporal de solidaridad, ticket moderador sanitario, hoja de ruta, interrupción voluntaria del embarazo, jubilación activa, modular, cultura de la violencia, racionalización de plantilla, modificación de tarifas, 9.99€, factor de sostenibilidad, con la que está cayendo, líneas rojas, brotes verdes y humor amarillo. Caca, culo, pis. Vivimos en el país de lo políticamente correcto. Un lugar lleno de tonterías y frases absurdas para no decir nada.

Los peores virus salen mientras hablas
Adoro a Laurie Anderson. He seguido sus pasos artísticos desde que se publicó un viejo disco de mujeres en la música electrónica. Tiene tanto talento que podría hacer un álbum con el listado de eufemismos al que nos tienen acostumbrados los políticos. “¿Quién es más macho?....¿La vicepresidenta del Congreso o el presidente del gobierno?”. Su primer single se titulaba “No es la bala la que te mata (es el agujero)”. Sus actuaciones están más cerca del teatro que de un concierto convencional. De hecho, la primera vez que vi uno de sus espectáculos fue en el festival de teatro de Valladolid hace casi treinta años. Siempre que ha pasado cerca he ido a disfrutar con sus inteligentes puestas en escena sobre los roles de las personas, la política y los juegos con el lenguaje. Lanzaba sus actuaciones con los textos convenientemente traducidos al castellano. El disfrute es mayor si se comprende la comunicación. Porque la comunicación es lo más importante. Su tema “El lenguaje es un virus” es apropiado para estos días en los que todos intentamos confundir a todos.


"Estaba hablando con un amigo y dije:
Te deseo.
Y te he estado buscando.
Pero no pude encontrarte. No pude encontrarte
Y dijo: ¡Hola!
¿Estás hablando conmigo?
¿O estás practicando una de esas actuaciones tuyas?
¿Humm?

¡El lenguaje es un virus!"

Ahora he estado recopilando mis sensaciones de estos meses tan radicales. La enfermedad me ha puesto en el extremo de la vida. Y ahora es reconfortante disfrutar de la calma de la noche. Bucear entre mis recuerdos y experiencias que no he plasmado en estos escritos. Ya tuvo una parte en el post anterior. “Cuatro treinta y tres” era un compendio de amargura a lo largo de estos dos años. No quería decir que mis momentos estaban sumidos en la agonía constante. Sino constatar que, cuando estás convaleciente la vida sigue fuera de tu vida y tú quieres alcanzarla.

La vida fluye mientras estás en el sofá

Hace unas semanas me sentí un “enfermo mediático”. Tuve mis momentos en la radio regional delante de muchos oyentes por medio de La Ventana de Euskadi. Con Eva Domaika, un cielo de persona y una gran periodista (y no sólo lo digo yo). Estaba acostumbrado a escuchar este programa siempre con temas políticos. Me pareció una oportunidad para decir que los enfermos estamos aquí. Quería llamar a la leucemia y al cáncer por su nombre. Denunciar ese pudor antiguo de la gente que ve a la enfermedad como un castigo divino. La leucemia y el cáncer son enfermedades de las que se sale. En estos dos años he conocido a más gente que puede contarlo, que la que se nos ha ido. Por lo que, le transmití a Eva que a los enfermos no nos gusta el virus eufemístico de “falleció por una larga y penosa enfermedad”. Que no hay que ser tan políticamente correcto y decir: “El cineasta Bigas Luna murió de cáncer”. 

Eva Domaika, Mayte y yo en los estudios de SER Bilbao

Hablar a través de un micrófono me apasiona. Si no estuviera tan pegado a la música, la radio sería mi enganche vital. El poder de comunicar, el aprender de gente que sabe más que tú en temas que no enseñan en las universidades y el viajar a mundos inalcanzables sin moverte de delante del micrófono seduce más que espanta. Ya tuve mi experiencia de radio en las primeras emisoras piratas del Gran Bilbao. Aunque ese punto de vista romántico que tengo seguro que choca contra eso que llaman los manuales “industria informativa”. Donde los anunciantes, los grupos de poder y los políticos de mierda pesan mucho.

Las horas de sofá, escuchando la radio.
Hay un mal que considero peor que la enfermedad y es sentirse solo. En todos estos meses he pasado muchas horas en soledad. Horas en las que Mayte no estaba en casa por el trabajo, y por esos recados que antes compartíamos, pero ahora los tiene que liquidar sola. Esos momentos de inestabilidad y de malestar en los que ya no puedes gritar: “¡Mamá!”, en los que no te llena la música, ni puedes concentrarte en la lectura. En esos momentos, la radio me ha acompañado y nunca me he sentido solo. Todo es discutible pero, la radio tiene una cuarta dimensión y por eso resiste el paso del tiempo.

Inés y Chus en SER Castro-Urdiales
Y de estar tumbado escuchando Carne Cruda, Hoy por hoy o La jungla sonora, entre otros, me he convertido en parte activa de las ondas con micro-espacios en la Cadena SER de Castro-Urdiales, gracias a Inés Castresana y Chus González. Es una oportunidad para contar a la gente experiencias de la enfermedad y picar sus conciencias para que no sean tan confiados en las palabras de los dirigentes. Los políticos y el fútbol, la religión de este país, copan el mayor porcentaje de tiempo de emisión. Eso es vergonzoso. Comunica mejor una jubilada cuando llama a un programa de radio que el capitán de la selección, con su escaso “bueno sí, pero no, fútbol es fútbol”, o un ministro en una entrevista. Con ese lenguaje seudo-culto lleno de “a nivel de...” o “en base a...”, y con fallos gramaticales llenos de dequeísmos, finge estar suficientemente preparado para la responsabilidad que se le ha encomendado. Además de llenar de cortinas de humo con sus virus lingüísticos, ocultará convenientemente los asuntos que realmente nos interesan inventando eufemismos para que la ciudadanía se mantenga anestesiada. Para él sólo existen primas de riesgo, equilibrar el déficit, reajustes y los ciudadanos somos números, no ciudadanos. Digo un ministro como puedo decir un alcalde, un concejal, un diputado o el mismo presidente del gobierno.

Cuanto más hablan menos entendemos
Esta mañana, mientras oía a la estrella radiofónica más feliz de la tierra, he escuchado hablar a una dependiente. Me he quedado pegado al sofá, decía lo mismo que escribí hace unos meses: “...quieren que nos muramos, y cuánto antes mejor...” Esta mujer se llama Eva. En los años 80 fue muy famosa porque salía en televisión todos los días. Tenía un programa de gimnasia/aerobic llamado “Puesta a punto”. Eva Nasarre sufre artritis reumatoide y necesita una silla de ruedas. No me interesa ahondar en la vida de los que fueron personajes públicos, pero me llena de ánimo que haya gente con enfermedades luchando en la radio. Para las personas que no se pueden movilizar en la calle, la voz en la radio es fundamental para luchar contra los recortes salvajes en sanidad, dependencia y bienestar social. 

Bilbao es un pequeño Londres, me gustaría seguir subiendo al segundo piso
Es hora de tomar la iniciativa para defendernos, pero no sólo los que transportamos una enfermedad. Tú también, que crees que tienes buena salud y buen trabajo, puedes encontrarte en una situación parecida a la mía. En mi territorio quitan las subvenciones a la dependencia y salvan al equipo de baloncesto de mi ciudad. Quien hace eso es el mismo organismo. Me gusta mucho el baloncesto, pero me gusta más que la gente esté protegida y que pueda pasear junto al mar; a pie, con un andador, o en silla de ruedas. Dependiente o independiente. Debemos pelear por esto, y no por meter monedas en la televisión para ver la ACB postrado en la cama de un hospital desconchado pagado por la beneficiencia. Prefiero escuchar la radio y estar en mi entorno, en casa. Donde nunca estoy solo.

Laurie Anderson. Language is a virus. Home of the brave. 1986



Gracias a Inés Castresana, Chus González, Eva Domaika, Josu Ortega y Marijo Aranguren



Eva Nasarre. Coloquio sobre dependencia. Toledo 8 Marzo 2013



martes, 16 de abril de 2013

Cuatro Treinta y Tres / Four Thirty-three


A veces me veo en un avión y estoy preparándome para saltar con un paracaídas. El mío lleva publicidad de Fludarabina, Ciclofosfamida y Rituximab; los componentes del que está tejido. Veo caras conocidas, que antes sólo había visto en blogs. Y, caemos al vacío con la esperanza de que nuestra mochila se abra y se despliegue la campana. Tras esa incertidumbre llegó el momento de tirar de la anilla. Veo cómo otros se abren como setas tras la lluvia. El mío también. Otros no lo consiguen y sus cuerpos se hunden en la oscuridad. En ese movimiento pendular siento frío, me mareo, me quedo sin fuerzas y pierdo el conocimiento. Despierto cuando me clavo en la arena de un desierto. El paracaídas me ha salvado la vida. Ahora abro el sobre que se me entregó arriba. Una brújula rota y una hoja de papel, en la que está escrito: “Busca tu destino. Firmado LLC/LNH”(*)

Tengo que estar contento porque voy a vivir. Eso es lo que dicen todos los médicos que me ven estos días. Cuatro médicos a mi alrededor diciendo lo mismo no se pueden equivocar. El inspector médico de mi mutua de autónomos dice que me quite la depresión, que tengo que estar dando botes de alegría. Mi hematólogo me dice que todo va bien aunque vaya muy lento. Mi médico del centro de salud me dice que no me ponga metas, que no tenga prisa. El inspector médico de la Seguridad Social me ha prorrogado la baja y dice que cuando tenga la sangre en niveles normales me dará el alta y volveré a trabajar.

Todo es fantástico, ¡volveré a trabajar! A trabajar, ¿en qué? Mi medio de vida lleva dos años cerrado. Me he salido del mercado. Va a ser empezar de nuevo, ¿con qué proyecto que me ayude a recuperar la caja? Es lo que me ha dejado la leucemia. Horas y horas para pensar qué hacer hasta que las secuelas de la quimioterapia se hayan ido. Muchas preguntas para escasas respuestas. En mi interior me repito que la música está muy viva, aunque la industria nos hace creer que está muerta: otra más de la “indefensión aprendida” que aplica el poder cuando tú no tienes datos. En este caso el poder son las discográficas, que afirman que todo va muy mal y que no se venden discos. Esos oscuros telones para decirnos que tenemos que rebajar el caché de la producción, el precio de la hora de estudio; que los royalties se han acabado y que te olvides de la promoción. 

Mayte me dice que no me torture, que saldremos adelante. Que deje de pensar en esas cosas, que sólo piense en ponerme bien. ¿Ponerme bien?¿Para qué? En el fondo la leucemia está siendo un escudo protector ante la realidad que araña a la sociedad. Si me hubieran sedado cuando me empecé a poner mal en 2011 y hubiera despertado esta mañana no reconocería mi entorno: la tristeza de la gente, la involución de las prestaciones, la pobreza de mis vecinos en un mundo lleno de abundancia y la oscuridad de tiempos totalitarios. En el fondo, ni un contenedor de 40 pies lleno de Tranxilium podría borrar la desesperación que llevan muchos ciudadanos en la cara viajando hacia el estado del malestar.


He ido acumulando algunos discos que no he escuchado en profundidad. Soy incapaz de concentrarme con algo más de unos minutos. En todo este tiempo no he podido leer ningún libro completo, excepto el “A la puta calle” de Cristina Fallarás. Y lo he podido leer porque es como si la autora me hubiera escrito una carta, y me conociera de toda la vida. Me cuenta lo que me pasará cuando me den el alta y se acabe el dinero que me ingresa la Seguridad Social y la hucha se acabe. Y si bien, mi preocupación no es por una primera vivienda, es por el local que soporta mi forma de vida. Y como una carta de una amiga lejana, lo devoré en un día. Las cartas no se pueden decir si están bien o están mal. Se escriben desde el corazón o desde la rabia, y se leen de la misma manera.

Pensarás que me quejo de vicio, que un local comercial se puede sustituir por otro. Además con los que hay para alquilar..., pero es un estudio de grabación. Sólo la insonorización ya cuesta más que el local y no me la puedo llevar. Las máquinas que hay dentro costaron más que el local y la insonorización juntas ¿Dónde las meto? Vale, en otra lonja. Con un alquiler y enganche de alarma. Para qué me sirve este equipo amontonado en un guarda-muebles. Para qué me he estado esforzando durante todos estos años haciendo trabajos lo más brillantes que he podido, para acabar en una oficina de empleo aspirando a que te den cientos de cursos que sólo sirven para colocarte en una estantería con un número de expediente en la frente.

Tengo envidia cuando me dices que vas a trabajar esta noche detrás de la cámara. Cuando me dices que vas a dar tus clases en la universidad, o cuando me dices que bajas al estudio a ver qué música sale después del día de trabajo. Tengo envidia cuando me dices que estás nervioso porque vas a presentar tu disco en menos de quince días, o cuando leo que vas a hacer cientos de fotos en tu estudio, o cuando me dices que te cansas mucho limpiando el cole. Esto me hace borrar lo que he escrito antes y pensar que dentro de unos meses alguien tiene reservado algo para mí. Que tener demasiado tiempo para pensar saca los fantasmas, y que el mundo es mejor que lo que sale en la televisión.

Hoy el silencio rodea el post. No hay fotografías, y recurro al tema de John Cage, 4`33`` (Cuatro Treinta y Tres), para poner el punto justo a lo que que acabo de contarte. El silencio exterior produce una ebullición de ideas. Pensamientos positivos y pesadillas se han ido sucediendo durante estos meses dentro de mi cabeza, porque es imposible mantener una actitud constante a lo largo del tiempo. He tenido mis luces y sombras. Mis dudas e inseguridades ante mi curación. Y al cabo de un tiempo, como si fuera un Tarzán mental, saltaba al árbol de lo positivo diciéndome que esto va a salir bien. Y está saliendo bien. Las dudas son inherentes al ser humano, y el silencio es como el viento sur en un incendio. 

William Marx interpretando 4`33`` de John Cage

(*) Leucemia Linfocítica Crónica / Linfoma No-Hodgkin